Cuatro fragmentos, apenas unos párrafos sueltos…

Cuatro fragmentos, apenas unos párrafos sueltos, para daros una idea del tono del libro. Comienza así:

 Capítulo 1:

             “  – Necesito matar a alguien. O, más bien, necesito que tú mates a alguien.

              La vista es hermosa. El jardín nevado subraya la frialdad con la que se han dicho esas dos frases. Hay fuego en la chimenea, pero no hace ningún calor en la habitación.

               No hay respuesta.

               Quizá debamos esperar”.

Tomado del capítulo 15:

    “Detrás de las cosas que se piensan están siempre las intenciones. No todas las convertimos en hechos, ni siquiera en palabras, pero siempre tenemos intenciones, o casi siempre; en realidad, muy pocas veces hacemos cosas sin antes pensarlas o sin antes quererlas, y esas cosas luego ya están hechas, y quizá no las hemos querido hacer, pero ahí están, con vida propia y teniendo que responder por ellas […]”.

Capítulo 56:

       “Solemos creer únicamente aquellas cosas que necesitamos creer, al margen de que sean verdad, o incluso si nos damos perfecta cuenta de que no hay pruebas de que lo sean. Creemos lo que convenga a nuestra forma de ver las cosas, o lo que mejor encaje en cada momento con nuestras circunstancias. Nos pasa a la gran mayoría: es difícil resistirse y no sucumbir a ese mecanismo que lo hace todo tan sencillo…

     En cambio, algunos, pocos, son capaces de darse cuenta de que están a punto de engañarse, y tienen la voluntad suficiente para no hacerlo, aunque esto les suponga problemas, enfrentamientos y dificultades.

          Emil intenta ser de estos últimos, y cree que Sacha es de los primeros.

       Pero no sabemos si Emil está en lo cierto: uno nunca sabe bien en cuál de estos dos grupos se encuentra. De hecho, pensar que se está en el segundo grupo puede ser simplemente la perfecta demostración de que uno cree lo que quiere creer […]”.

Fragmento del capítulo 69:

       “Muchas de sus conversaciones acaban así. Llegan a una especie de vía muerta; terminan por muerte natural. Tablas. Y ninguno de los dos trata de reanimarlas. No les importa. Cuando eso pasa, ni siquiera buscan un asunto alternativo del que hablar. Ya no hay otros asuntos de los que hablar. Entre ellos hay muchas cosas, pero saben que en realidad ya hay solo una. Y necesitan separarse un poco para poder volver a arrancar luego su conversación. Separados, ambos siguen pensando en lo que se ha dicho y también en lo que, por prudencia o cálculo, no se ha dicho”.

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